Hakeem Al-Araibi, el futbolista bareiní detenido en Tailandia por el que piden la FIFA y Australia

Informe Jugadores

El jugador de 25 años, disidente de la familia real de Bahrein, se encuentra retenido hace 45 días en una cárcel tailandesa, mientras las autoridades analizan un pedido de extradición a su país de origen. Desde Australia, país en el que se desempeña el futbolista y en el que tiene carácter de refugiado, exigen su liberación. La FIFA se unió a ese pedido.

Los ojos del fútbol asiático están puestos por estos días en Emiratos Árabes Unidos, donde las principales selecciones del continente se disputan el título más preciado de Asia. Entre esos equipos están Tailandia, Bahrein y Australia.

Pero fuera del campo y con muchas menos miradas alrededor, esos tres países disputan una batalla diplomática, que involucra a un futbolista: Hakeem Al-Araibi.

Se trata de un jugador bareiní, de 25 años, que fue condenado en ausencia en 2014 en su país a 10 años de prisión por vandalizar una comisaría. Al-Araibi niega esos cargos, aduciendo que en ese momento estaba disputando un partido de fútbol televisado, y asegura que esa sentencia es en represalia a sus críticas a la familia real bareiní por su participación en escándalos deportivos.

Al-Araibi fue detenido en 2012 en Bahrein y grupos defensores de derechos humanos como el Instituto de Derechos y Democracia de ese país afirman que fue torturado. En 2014, el exfutbolista de la selección de Bahrein huyó a Australia, donde recibió el estatus de refugiado en 2017. Actualmente se desempeña en el Pascoe Vale FC de Melbourne.

En noviembre de 2018, Al-Araibi decidió viajar a Bangkok, la capital de Tailandia, para celebrar su luna de miel. Antes de hacerlo, consultó a las autoridades australianas, que le aseguraron que su condición de refugiado lo protegería aún fuera de Australia. Pero eso no ocurrió.

En el aeropuerto de Bangkok, el 26 de noviembre de 2018, Al-Araibi fue detenido por las autoridades tailandesas luego de que la red Interpol emitiera una alerta roja para su captura, a pedido de Bahrein. Esa medida es cuestionada por los organismos de derechos humanos al sostener que Interpol violó la política de organización internacional de policía que afirma que las alertas no se emitirán “si se ha confirmado el estado de refugiado o solicitante de asilo”.

Desde entonces han pasado 45 días y las autoridades tailandesas mantienen en el limbo a Al-Araibi, quien, en declaraciones a la cadena australiana ABC, explicó que se encuentra en una pequeña celda de concreto junto a otros 50 presos, la mayoría de ellos peligrosos delincuentes.

“Estoy tratando de ser valiente. Pero por dentro estoy roto”, declaró Al-Araibi a ABC, a la vez que agregó que duerme en el suelo, “en un espacio minúsculo, donde ni siquiera puedes rodar” y “hace mucho calor”.

El futbolista se encuentra detenido de manera preventiva por 60 días, según el fallo de un tribunal tailandés, a la espera de que Bahrein presente su caso. Él afirma que, si es extraditado a su país, será víctima de nuevas torturas.

Su caso ha vuelto a la escena pública a raíz de una situación similar que atraviesa una joven saudita de 18 años, Rafah Al-Qunun. La adolescente también fue retenida en Bangkok cuando las autoridades tailandesas intentaron devolverla a su familia de Arabia Saudita, de la cual había escapado cuando se encontraba de viaje familiar en Kuwait. Ella se atrincheró en su habitación de hotel y divulgó su caso por las redes sociales, dando a conocer su intención de pedir asilo en Australia.

Ante el revuelo internacional –que despertó la atención de organismos de derechos humanos como Human Rights Watch-, las autoridades tailandesas evitaron su extradición y la pusieron a disposición de la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR). Una suerte muy distinta a la que corrió Al-Araibi, razón por la cual las ONG han reclamado un trato similar.

En este escenario, la Federación de Fútbol de Australia (FFA) hizo público su pedido para que Al-Araibi sea devuelto a Australia dada su condición de refugiado y, según el diario inglés ‘The Guardian’, autoridades de la federación se reunieron el presidente de la Confederación Asiática de Fútbol, el jeque bareiní Salman Al-Khalifa, quien no se ha expedido públicamente sobre el tema.

La FIFA también apoyó el pedido de liberación de Al-Araibi, el cual reiteró el 9 de enero a través de un comunicado en el que exigió una “rápida y humana resolución” al caso del jugador bareiní para que “pueda regresar a Australia de manera segura” y “retomar su carrera como futbolista profesional”.

El gobierno de Australia, que ha sufrido cuestionamientos por haber dejado a Al-Araibi a la deriva, también ha pedido el regreso del futbolista. Y la ministra de Exteriores australiana, Marise Payne, aprovechó una visita a Tailandia para reiterar el reclamo –y además de analizar el caso de Al-Qunun- a las autoridades de ese país.

Mientras tanto, en medio del “tire y afloje” diplomático, Al-Araibi sigue aguardando en una cárcel diminuta regresar a su vida normal.

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