Un camino, un sueño

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Por Federico Cué Barberena

Apenas transcurrieron poco más de 24 horas desde ese zurdazo de Mario Götze que se convirtió en puñal para las ilusiones argentinas. Todavía se repiten sin cesar las posibilidades de gol desperdiciadas, la infracción de Neuer sobre Higuaín que Rizzoli eligió ignorar y ese grito atragantado que estuvo tan cerca de convertirse en realidad.

También sobresalen las imágenes de un pueblo que aprendió a valorar un segundo lugar, a fuerza de 24 años de frustraciones. En la misma medida, se contrasta la algarabía masiva con la empecinada intención de una minoría presta para acabar con esa ilusión óptica de alegría y arrastrarnos de nuevo a nuestra empantanada realidad.

En medio de tanta ambigüedad de sentimientos, de satisfacción y frustración, de festejos y caos, de héroes y villanos (porque siempre los buscamos, está en nuestros genes), nace un interrogante: a 1425 días, esta Selección de Alejandro Sabella ¿inició un camino hacia Rusia 2018?

Y así también se origina ese espacio –de allí el nombre, claro está-. Porque los 1425 largos días que nos separan del regreso del Mundial a Europa serán parte de un camino que habrá que desandar. Y que al final tiene el mismo sueño: la Copa del Mundo. En ese punto de llegada radican sueños individuales y colectivos, de hinchas, jugadores y periodistas. Pero para arribar allí hace falta una senda clara, construida en base a convicciones y sostenida a pesar de las tempestades.

En nuestro querido fútbol argentino, el camino nunca parece claro. Porque sea Sabella, Martino o Montoto, las certezas no son moneda corriente y los resultados no son consecuencias de un proyecto enarbolado como bandera, al menos desde la salida de Bielsa-Pekerman-Tocalli. Pero ayer nació una esperanza: hay una base, hay un comandante serio y hay algunas certezas sobre las cuales empezar. Claro que difícil resulta creer que una semilla crezca en tanta tierra infértil, árida por culpa de dirigencias corruptas e incapaces. Pero al menos permítannos creer que es posible.

Y de eso se trata este espacio, que también nace con pocas certezas, desde una mínima porción de la Argentina (apenas una notebook en tierras del 1629), pero que sueña con convertirse en un ámbito donde las ideas individuales y colectivas encuentren tierra fértil para crecer. Un espacio que tiene la (posiblemente excesiva) ambición de ser un nicho de información, análisis y debate sobre el devenir de las selecciones que sueñan con llegar al suelo eslavo. Un viaje abierto a la participación desde cualquier lugar del mundo con la misión de desandar el camino hacia una nueva cita mundialista. El destino final es Rusia. Están todos invitados.

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